Diálogo no tan santo

Después de una cuaresma en los que cientos de manifestantes se han sacrificado penitentemente y con mucho dolor en las calles para salvar a Venezuela, llega el diálogo ¿o la crucifixión?

Muchos –incluyéndome- nos opusimos u “oponimos” –Según sea su nivel de madurismo- a esa reunioncilla de cúpulas en Miraflores. Pero no porque somos unos cavernícolas radicales “disociados y doños” como les encanta a los opositores llamar a otros opositores, sino porque las condiciones para dialogar no estaban, ni están optimas como para ir a sentarse con el gobierno de Nicolás Maduro.

Soy católico infrecuente y creyente sólo en emergencias –Como muchos de los que leen ahora-, así que discúlpenme los ortodoxos, pero haré un ejercicio sencillo de tratar de explicar todo lo ocurrido en Venezuela, usando un poco de cristianismo y análisis, ayudándome sólo en que todo lo ocurrido se ha desatado dentro de los días previos de la Semana Mayor.

BlJO-VsIEAE-Qqq
Imagen de Cristo en una barricada tomada antes de escribir este artículo

Comienza la Semana Santa, la última que viviría Jesús de Nazareth entre nosotros, un hombre como ningún otro y a su vez una amenaza como ninguna otra. En su época un total alborotador y visionario; una amenaza al status quo. Según la biblia, desafiando a las autoridades y mercaderes, Jesus logró abrirse paso hasta incomodar a los mismísimos romanos que como buenos imperialistas “se lavaron las manos”.

Jesús, consiente de su destino nunca negoció su salvación pero si hubo negocios alrededor de su muerte. Unos negociaron su cabeza por 30 de monedas de plata, que con la inflación de Israel de la época sólo provocaría el suicidio. Otros por tradición de Pascua, ofrecieron una “Ley de amnistía” por “votación popular” entre un hampón como Barrabás y de un “Guarimbero” como Jesús y ustedes ya saben a quién eligió la comunidad.

Sin querer ser catequista, las coincidencias son interesantes. El diálogo en Venezuela está signado por la crucifixión de los penitentes, el objetivo de los opositores asistentes parecía más bien motivado por la urgencia de hablar por primera vez en cadena nacional que encontrar la solución definitiva a los problemas de Venezuela.

Maduro quién hace días no sabía qué hacer con un país alborotado, quien ordenó la represión y extinción de candelitas –homicidio- opositoras logró sentar a “los representantes” de la oposición donde él quería y bajo los términos que él deseaba.

“Los representantes” de la oposición quienes dieron la espalda a la protesta fueron los invitados para hablar en nombre de los protestaban, no había otra cosa tan desigual en este mundo desde la negociación que hizo Judas.

Venezuela ha tenido que pagar un alto precio por desafiar a este gobierno, mucho ha sido el sacrificio por un país mejor –y nunca será demasiado- pero la traición es la más duras de las muertes.

Yo, como muchos otros venezolanos hubiésemos estado felices en llegar a una conversación de paz con Nicolás Maduro, pero con términos firmes y propuestas sólidas que debían cumplirse inclusive antes de un show televisado.

Muchos en este país estamos claros de que el gobierno de Venezuela es tan barbárico como los mismos que azotaron y torturaron a Jesus hasta acabar con su cuerpo.  Aquí en nuestras calles, los que se han atrevido a protestar han sufrido su calvario de torturas, electricidad, golpes, humillaciones, barbarie y muerte.

No hay ninguna mesa en la que se puedan sentar donde se puedan ocultar las atrocidades cometidas en Venezuela y la marca profunda que han dejado en nuestra mente, como las que dejó el Flagrum o lanza que Longino en el cuerpo de nuestro redentor.

El rescate que se le dio a este gobierno, como el que se le dio a Barrabás no pasará a la historia como un incidente aislado o insignificante, sino como la muestra televisada que la oposición de verdad es la que está firme en la calle domingo a domingo, dispuesta a sacrificar lo necesario por el bien de los demás.

Muchos de los que creen que hay que dialogar “porque sí”, porque el  diálogo es santo y condenan a los críticos como herejes, son los Saduceos y Fariseos de esta era. Porque insisten en hacer las cosas como ellos –En su autoproclamada civilidad- prefieren y no la justicia lo requiere.

Como escribí al principio, Jesús no negoció porque tenía claro su propósito entre nosotros, en su último aliento sabemos que él se sintió abandonado, ahí solo en el Gólgota donde expiró su último aliento.

No sé cuáles han sido las puertas que se han abierto -o abrido según sea su nivel de madurismo- luego de ese conversatorio en Miraflores, pero sí sé cuáles se han cerrado. Nicolás Maduro ha sido claro en preferir la venganza que el perdón y Diosdado –El Caifás de esta historia- no muestra la más mínima intención de querer el encuentro.

Discúlpenme los más religiosos si profané en algún modo la historia de Cristo al compararla con lo que aquí pasa, es sólo la analogía irresistible de un hereje político que cree que en la verdad y que por ella murió Cristo, pero que por fortuna de nosotros, resucitó al tercer día.

Que no nos falte la fe, porque Dios no nos ha abandonado.

Nuestros muertos

Hoy se cumple un mes de aquella manifestación que llegó hasta la Fiscalía General de República, la misma de los testigos forjados como Giovanni Vásquez de Armas, la misma de la extorsión a banqueros, la misma que tiene a más presos políticos que a verdaderos criminales procesados. La fiscalía que ya todos conocemos por sus desmanes y su compromiso con la injusticia y la suciedad que representa el tutelaje de los poderes públicos por la mano de un solo hombre.

Es ahí a donde culminaría esa marcha, pero donde comenzaría un nuevo episodio en la lucha venezolana por la democracia, un estallido que irrumpiría la miserable cotidianidad a la que han sometido a la gente a acostumbrarse.

Desde ese día hasta hoy ha muerto un venezolano casi todos los días, por incidentes directos o relacionados con los disturbios o con la represión.

Para algunos estos muertos se dividen gobierno y oposición, producto de un país enfrentando entre el Status Quo y la propuesta de una salida definitiva a este gobierno por la vía constitucional.

Dicen que hay un clima de “guerra civil”, y son cada vez más los videos que llegan de la brutal represión que han vivido los ciudadanos a lo largo de un mes que prueban que si no es se le parece bastante.

Civiles y militares han muerto por estas circunstancias, son cadáveres que se van apilando alrededor de nuestra existencia como país y nos muestra lo que realmente somos, una sociedad nutrida por la violencia y la anarquía que llevará años reconstituir.

Ya la muerte no parece gran cosa y es por eso que mientras unos enfrentan a la muerte en las calles, otros están desesperados para frenar la protesta para que el país “regrese a la calma”. ¿Cuál calma? me pregunto.

Como en las estación de radio “Radio Television Libre de las Mil Colinas” de Rwanda, los medios del estado han magnificado diariamente el mensaje de odio de una manera tal que en todo el país han salido grupos de exterminio a matar ciudadanos, parecería un exageración, pero los cadáveres están ahí; como testigos aún tibios, de un gobierno que los odió tanto hasta matarlos y que luego  duerme como bebé.

Dudo mucho que esta matanza se acabe pronto, porque no existe la voluntad de las autoridad en detener lo que ocurre. La policía, la GNB y paramilitares del PSUV, actúan en equipo lo que demuestra una profunda distorsión moral del país provocada con el propósito de someter con miedo al país.

El pronóstico de lo que está por ocurrir no es alentador, las pugnas que se dan en Venezuela están por encima del control de cualquiera, la intención del gobierno ha sido enfrentar a los venezolanos hasta convertirlos en enemigos, pero lo único que nos mantendrá unido como país es entender que no existen muertos de un bando y del otro como nos lo quiere hacer creer desde Miraflores.

Lo único que sé es que podremos resurgir nuevamente como un país digno mientras entendamos que cada muerto, que cada herido, que cada caído de este mes, es nuestro.

No los dejo sin antes decirle que lean mi artículo anterior sobre la violencia en Venezuela que tiene mucho que ver con lo que ocurre hoy en nuestras calles.

Los agüeboniados

Hoy un tweep me pasó una publicación de una columna de El Nacional de Luis Pedro España, llamada “Los Radicales”, me imagino que me la envió con la intención de exorcizarme el “radicalismo” que supuestamente padezco.

Pues, me leí el artículo y no podía quedarme sin responderle, dedicarle unas líneas y defender la posición de los que ahora nos etiquetan como “radicales”.

Los que han adoptado el lenguaje del gobierno como propio y los que defienden a Nicolás Maduro más que Cabello aquel día cuando un espontaneo le echó tremendo susto al presidente.

Antes que nada nuestro amigo Luis inicia su breve columna “curándose en salud” porque cree que se echará encima a más de la mitad de “Internet”, como si fuese poca cosa, como con desdén por los que “militan políticamente en internet”. Eso sólo denota el oscurantismo en el que viven algunos en este país. Son el Internet y las redes sociales los epítomes modernos de la libertad de expresión y también del conocimiento, el que los ataca y desprecia es como el pedía decapitación para el que decía que la tierra era redonda.

Militar políticamente en internet es la opción que le ha quedado a muchísimos venezolanos, esos que saben que el diario El Nacional pronto se quedará sin papel prensa y las columnas de personas como nuestro amigo sólo encontrarán nicho en “internet”.

Dice el escritor que no se ocupa de los radicales del gobierno porque estos no están dando problemas y en acto mezquino mete en un mismo saco a los oposición con los radicales del gobierno. Ahí sólo podemos observar el primer intento del autor en afianzar el nuevo triste dogma de algunos opositores “Con mi madurismo no te metas”.

Me veo en la obligación refrescar la memoria del señor Luis, quién elucubra alrededor de los hechos de 2002 hasta 2005 con una ligereza prosaica y que escribe para los que llama “desmemoriados”.

Parece que Luis no recuerda los Círculos Bolivarianos y los verdaderos orígenes del radicalismo venezolano,  parece que nuestro columnista no recuerda el asesinato de la opositora Maritza Ron a plena luz del día en Altamira a manos de radicales del gobierno. Los radicales de esas fechas eran pirómanos endemoniados quemando el módulo de la Policía Metropolitana en Petare, Globovisión y hasta la Sinagoga de Caracas, Y ni hablar de las innumerables marchas que jamás pudieron llegar a su destino porque los radicales del gobierno lo impidieron.

Hago este recuento no con una intención odiosa de hablar de quienes son los malos ni quienes los buenos, sino para demostrar que si hablamos de “Los Radicales”  el señor España está apuntando para donde en la dirección opuesta.

En pocas palabras y parafraseando al señor Luis “Le historia no le sirvió para aprender nada”, porque aún no identifica donde se origina el radicalismo de la última década en Venezuela.

Nuestro escritor continua esbozando sus ideas sobre el radicalismo, hablando ahora de ciegos y garrotes, una manera cínica de llamar ignorantes a los que protestan, ¿Estará tan convencido el señor España que la gente es tan estúpida que desconoce las razones por las que protesta?.

El señor España se hace eco de la versión oficial, que es la única que se difunde masivamente en estos días. Si el gobierno dice “A” entonces obviamente es “A”, decir que insultar a delegación de cuba fue una estupidez es una injusticia, cuando ya ha sido aclarado que ningún jugador fue agredido. Pero además Luis no dice nada de los presos políticos que nacieron esa tarde en Nueva Esparta. Nuestro columnista parece ni siquiera conocer la versión de los presos que han sido  trasladados como narcotraficantes a Puente Ayala, solo existe la versión oficial “Lo ocurrido en Margarita es un acto tan terrorista como derribar el avión de cubana de aviación”

El señor España dice que “el intento de volver a trancar calles sin ningún otro motivo que lo malo que está todo” Aún me pregunto ¿En qué pensaba cuando escribió eso?[ ¿Es que acaso ese no es motivo suficiente trancar una calle?. Porque si eso no lo es, que  arroje algo de luz a mi ignorancia (O mi ceguera).

Lo más increíble de este análisis del sociólogo España es que da entender que Chávez logró atornillarse en el poder gracias a las protestas. Es decir, que la bonanza petrolera, las misiones sociales y las políticas de subsidios no garantizaron el triunfo de Chávez sino que los opositores que protestan (somos tan arrechos que) instalamos y mantuvimos a Chávez en el poder. Nuevamente lo único que se puede concluir es que nuestro amigo, es que prefiere que nos quedemos en nuestras casas y no protestemos, que apaguemos la luz y luego de un tiempo el gobierno; simplemente, caerá solo. Que seamos unos agüeboniados, pues.

No entraré aquí a hablar de las ambiciones políticas, de líderes ansiosos o de timadores oportunistas porque ese es el terreno en el que usted desarrolla su tesis de los radicales. No puedo hablar de la gente como usted lo hace, pretendiendo conferirle los atributos de una mascota que sigue a su líder. Porque esa no es la Venezuela opositora. Los llamados de Leopoldo, María Corina y Ledezma son tan circunstanciales como los que hizo Capriles al perder (o ganar) su última elección presidencial y por eso pienso que todos ellos son accesorios y la historia sólo les dará un puesto en la medida en que ellos estén pegaditos al pueblo y no al revés.

Quizas yo sea un muchacho “fogoso” como nos llama usted, pero no “suponemos” que el porvenir de la patria está en nuestras manos sino que estamos convencidos  de que es así, Muchos venezolanos no salimos a la calle porque nos calienten las orejas, sino porque sentimos, padecemos y pensamos. Ni más, ni menos.

Señor España, por su texto infiero que usted se considera “Civil, repúblicano y de avanzada”, pero eso no es algo que uno escribe en un papel y se porta como título nobiliario. Respeto su punto de vista pero también comprendo lo profundo de esta crisis que se ha prolongado por demasiado tiempo. No puedo aceptar que llame “Radicales” a un pueblo tan golpeado por la muerte, la pobreza y el miedo. No puedo aceptarle que insinúe que estamos equivocados porque usted piense que las masas no nos acompañen,  No puedo aceptarle el discurso “Con mi madurismo no te metas” porque todos los derechos que usted da por sentados, todo la república que usted dice defender y todo lo civil que usted dice ser al final del día fueron consagrados con asfalto y sangre, en la calle.

Bienvenidos al año de la muerte

Las sociedades a veces no tienen la capacidad de ver lo que se les avecina hasta que ya está ocurriendo. Eso fue lo que aprendí del último documental que vi sobre la guerra étnica en Ruanda, que tardíamente el mundo luego catalogaría como “Genocidio”.

El año pasado fue muy particular porque se hizo evidente para todos la grave situación económica del país. A pesar de que la escasez se venía sufriendo desde hace años, había sido paulatina o focalizada.

El racionamiento focalizado útil en los regímenes que aspiran el control verdadero de la población, funciona cuando los productos se van rotando dentro de los anaqueles por regiones y la escasez a pesar de ser perceptible no hace mella en los sistemas de gobierno porque los productos van apareciendo y desapareciendo. Eso explica que en Amazonas había Harina PAN pero en Guárico no se consiguiera ese producto, pero sí papel higiénico. En Miranda se podía comprar azúcar pero en Zulia no y dos semanas después en Miranda había harina de trigo pero ni un sobrecito de azúcar y así.

Con un sistema de “Seguridad Alimentaria” de este tipo, los compradores apenas podían percatarse que pronto no conseguirían nada.

Este tipo racionamiento, que daba la percepción de que los productos estaban, pero era sólo un “pelito” difícil de conseguir se acabaron el año pasado, en lo que denominé “El Año del Hambre”.

El año del hambre fue el fenómeno que apenas estalló el año pasado, y que todos; sin excepción, percibimos de una u otra manera. Fue el año en el cual de verdad los productos que a veces llegaban simplemente desaparecieron para no volver jamás.

Y personas como yo, que con efímera frecuencia va al automercado comenzó a percatarse los productos no estaban.

Los años de controles, fiscalizaciones y expropiaciones florecieron en el 2013 y a finales de ese año migrarían a la línea blanca y la línea marrón, simplemente nos estábamos quedando sin nada.

Pocos economistas habían pronosticado lo que venia, hasta que simplemente ocurrió y toda la inmensa maraña de corrupción y medidas desacertadas tuvieron el desenlace final en un cartelito de “NO HAY”.

Este año, no es menos sorpresivo y el nombre que le tengo no es mucho menos sutil. Al igual que El Año Del Hambre, lo que ocurrirá este año es el producto de años mirando con desdén al país y es la consecuencia de más de 15 años de inacción.

El hecho que el 2013 haya terminado no significa que el hambre que trajo se haya ido, apenas se hizo obvia la enormidad del problema y como una bola de nieve irá creciendo mientras rueda sobre nosotros en su caída sin fin.

Este es el año de la violencia y creo que la veremos como nunca antes en nuestra historia, Enero nos ha mostrado la cara del terror que viene desde todos lados. Hemos perdido el alma y la compasión. Años de odio y olvido se han acumulado debajo de la piel de la delincuencia que sin pudor, medio ni vergüenza han salido a matar.

Nos convertimos lentamente en un país indiferente ante la muerte, sin importar su atrocidad. Años de sangre, han anestesiado nuestros ojos ante la tragedia y al igual que el hambre, el problema simplemente fue creciendo dentro de nosotros sin darnos cuenta, que afectaba a algunos, algunas veces.

Al igual que el racionamiento focalizado, la violencia ocurría a la distancia “Mataron a un motorizado para robarlo” era lo normal, “Apuñalaron a una señora al salir del banco”, ¿Qué loca esa tipa con plata en la calle?, susurraban algunos, casi que responsabilizándola.

Este año es distinto y la violencia floreció, años acumuladándose y creciendo. Las muertes este año son escandalosas y dramáticas, no hay manera de reseñarlas sin indigestarse y apenas con 30 días del año sentimos que ya nadamos en sangre.

No mencionaré los casos porque no es el propósito usar como ejemplo los escabrosos hechos  de enero. Lo que si les advertiré es que a diferencia del año pasado, donde no conseguíamos la comida y hacíamos todo por buscarla, este es el año donde haremos todo por evitar la violencia pero ella vendrá hasta nuestra puerta. Bienvenidos al Año de la Muerte.

En detrimento de Henrique (@hcapriles)

Hace un par de días una entrañable amiga escribió un artículo titulado “En Defensa de Henrique”, de ahí nace mi desesperada necesidad de responderle.

Comenzaré este texto de la misma manera que lo hizo ella, quien hizo campaña y votó por Capriles sin conocerlo. Y en mi modesta opinión eso fue prácticamente lo que hicimos todos, votamos por Capriles sin conocerlo.

Cuando digo que no lo conocemos, no pretendo decir que ignoramos el hecho de que el pobre hombre haya ido a la cárcel debido a la persecución del gobierno socialista del entonces vivo, Hugo Chávez. Ni tampoco quiero restar mérito a su gestión como alcalde y gobernador que por buenas razones habría sido reelecto en ambos cargos.

Cuando digo “No conocemos a Capriles” es porque empezamos (El país) a conocerlo cuando se lanzó a las primarias y apenas ahora que conocemos al amigo.

Así que me toca a mí decir lo que hace tiempo venía pensando y evité decir para no ser innecesariamente pesado, un saboteador del candidato. Las cosas que ahora escribiré no las dije porque Capriles era mi candidato y a los candidatos que como él se oponen a una maquinaria como la nicolasera, necesitan mucho apoyo. Pero estoy seguro este desgarro de sinceridad mío, será el espejo de muchos.

Luego de ganar las primarias, Henrique Capriles comenzó su recorrido por el país, su discurso en aquel momento era penoso al principio tanto que sentía vergüenza, inconsistente, frio, incómodo y hasta poco arraigado en la realidad. Pero el muchacho era un novato y como buen estudiante se fue puliendo hasta convertirse  en la persona que dio su discurso de cierre de campaña en la abarrotada Av Bolivar, que coronaría con la frase:

“Ustedes son los protagonistas de la historia” .

Aquella elección se mostró imposible y Hugo Chávez se quedaría con el poder sólo para morir con él entre sus brazos a los pocos meses.

Después de esa elección quedó demostrado quién era Capriles, fue ahí cuando empezó a desagradarme realmente la actitud acomodaticia de este hombre que se ganaría mi voto nuevamente en su segunda carrera por la presidencia.

Luego del triunfo sombrío de Hugo Chávez, Henrique Capriles me demostró que no estaba comprometido con el país todo y que la silla en Miranda era lo suyo.

IFY es aquí donde me pongo anecdótico, Durante una clase en un seminario de la universidad, un profesor del cual no recuerdo el nombre, ni el del taller tampoco, tocó un tema que jamás olvidaría (¿Irónico verdad?), En fin, el profesor que a su vez era psicoanalista nos habló sobre el liderazgo y la manera en que este se funde con la gente. Aquel profesor explicaba con detalle la conexión del líder con la psiquis de masas y por qué a un líder se le es permitido hacer cosas que el colectivo no era capaz o no se les permitía hacer. Decía  que los líderes son reflejo de sus pueblos y si ellos se atrevían a hacer ciertas cosas fuera de los paradigmas, la gente se sentiría identificada y aprobaría las acciones del líder –Yo no puedo hacerlo porque no me lo permiten,  pero es asombroso que tú sí – es decir el liderazgo no es sólo una guía sino un rol que la gente sigue, en ocasiones para atreverse a desafiar el status quo. El profesor cerró aquella idea que cambiaria mi vida para siempre con el ejemplo del legendario “Huele a azufre” de Chávez en las Naciones Unidas y la admiración que generó entre sus seguidores por atreverse a decir algo tan descabellado como eso en un lugar como ese.

En otras palabras, ese día comprendí lo qué era liderazgo más allá de Mandela, Bolívar o Walesa. Mucho más allá que Ghandi o Luther King. Comprendí que uno, como individuo es también parte del líder y por eso, y desde ese día aprendí a aceptar ser liderado sólo por gente que es capaz de hacer lo que yo haría en su lugar.

Concluida esta complicada anécdota que sólo ocurre en universidades como la UCV, regresamos a nuestro candidato, que derrotado fue a socorrerse a la Gobernación del Estado Miranda. Cuando la verdad era que había un candidato para ese cargo que había sido elegido por las bases (Carlos Ocariz) fue ahí cuando pensé

¿Este pana quiere ser un líder o está jugando a los scouts?

Hoy por hoy Capriles no debe estar viviendo una etapa sencilla y sufre las consecuencias de su propias decisiones, ha desaparecido de los medios porque permitió que esa fuese su única trinchera (permítaseme el vocabulario de guerra asimétrica), perdió la calle porque él mismo dijo que no la usáramos, en las redes sociales es una desgracia, porque utiliza su más importante herramienta de comunicación para atacar o peor para victimizarse.

Un buen amigo siempre me decía “Nunca llames estúpido  a un hombre hasta que haya demostrado que lo es”, y este es un caso emblemático,  La verdad es que mucha gente le ha dado la espalda a Henrique Capriles por no tener la madera que le permita conservar su liderazgo en el tiempo.

No dudo que Capriles tenga la preparación necesaria para ser un buen presidente de este país pero carece de la estamina para conservar el cargo, he escuchado en privado a muchos políticos avezados tildarlo de “Niño” y es precisamente porque ha demostrado serlo.

Venezuela es un país diferente y se va transformando cada día, y uno debe estar a la altura de las circunstancias. Mi amiga (La que defiende a Capriles) dice que es mucho más fácil criticarlo desde atrás de un teclado. Pero yo le digo a ella y todos los que aún lo defienden  ¿No fue él el que decidió querer ser el líder?.

El liderazgo no es un juego de niños y menos en un país como este. El liderazgo no es aprender un discurso o ir a unas elecciones una y otra vez, a ver “si la pego de leche”.

ministra-delcy-21_0A principios de año la Ministra más bonita que se haya cosechado, Delcy Rodriguez informaba que los políticos venezolanos de “La derecha” habían recibido el 2014 fuera del país, en la infausta lista estaba Henrique Capriles y yo me decía, recordando mi clase allá en un aulita de FACES “¿Esto es lo que yo haría como líder?.

La entrega por una causa es en cuerpo y alma, sea cual sea. Yo soy solo un elector que mira y juzga duramente a todo político que se me cruza por al frente. No sé si seré un “Twitternator”, si me escondo detrás de un teclado, no sé si soy un dinosaurio o un Ucraniano frustrado en la calles de Caracas.

Pero si les puedo escribir de lo que sí sé, de lo que me dice mi consciencia y vibra en mis huesos, El venezolano que quiera entrar a Miraflores en nombre de la oposición debe saber que no es como comprar un boleto del metro y pasar por un torniquete. El que quiera entrar a Miraflores para ser presidente de una nueva Venezuela tiene que tener el corazón y alma comprometida con este país, tiene que estar dispuesto a morir si es necesario pero por sobre todo debe amar irracionalmente esta tierra y a su gente con locura.

El que quiera conquistar esta patria por encima de las que ya la dominan tiene que entregarse sin vacaciones y sorprendernos con cosas insólitas, adueñarse de la bandera por la libertad y la justicia y sacrificarse plenamente por hacerlas valer.

No hablo de un hombre que busque seguidores que apoyen su causa, sino un hombre que sepa que esa causa es la correcta y luche por ella así este totalmente sólo.

No hablo de un caudillo, hablo de un hombre como cualquiera pero que esté realmente dispuesto a ser y a hacer el cambio.

Mucha gente aún confía en Henrique y en la “Perfección del tiempo de Dios” yo soy más pragmático al respecto y estoy seguro que Henrique Capriles nunca se convertirá en el presidente de la República de Venezuela.

Las calles bañadas de plasma

La Hiena
La Hiena

La desgracia llegó a un país donde lo bueno es malo y lo malo es bueno, cuando su presidente anunció que había que hacer algo contra la especulación.

Todo comenzó cuando el mandatario homofóbico; pero con bigotes de Mercury, hizo un llamado a sus seguidores para vaciar los anaqueles de los establecimientos donde se sospechara hubiese especulación.

Pero en ese país donde todo parece lo que no es, nadie tenía la certeza, así que todos fueron a todos lados, la seguidores de aquel presidente se convirtieron en hienas y como corriendo detrás de la presa se fueron a las tiendas.

Algunos sin un centavo se apostaron a las puertas para comprar a precios justos, poco sabían es que la Guardia Nacional De Las Hienas o como algunos le llaman “Buitres” habían pasado primero, en la nochecita, cuando creían que nadie los veía y se llevaron los mejores equipos a hurtadillas.

Así fue la cosa en aquel país donde el hambre se esconde viendo televisor, que todos vieron la oportunidad de tomar justamente uno, o como algunos exagerados dicen “robar” uno para llevarlo a casa y ver Gourment Channel porque es la única manera de ver comida cuando hambre se tiene en ese país.

En cuestión de horas el país caribeño se convertía en uno que no ha existido jamás, en algo nunca antes visto, donde el hambre es codicia, donde un iPhone es status y donde, mientras más grande es el televisor más pequeña es la mentira.

Los cazadores

Algunos cazadores con escopetas de decencia se prepararon para darle muerte a aquellas bestias, pero la locura dominaba. por lo que vi, algunos tenían cara de que no sabían lo que hacían. Porque para colmo de males en ese pobre país algunos hacen lo que hacen porque ven a otros haciéndolo, una actitud primitiva heredada de cuando se nos dio el derecho al voto.

Mi pronóstico para ese país era un estallido social, porque todos querían lujo y como el lujo es un recurso escaso, algunos iban a buscar manera de tenerlo a toda costa, quizás en el anaquel de al lado o la casa de al lado.

Pero es un desafío ser profeta en un país increíble, donde lo malo es bueno y lo malo es bueno. Los cazadores se fueron a sus casas, las hienas a sus cubiles y los buitres a sus cuarteles. Todos tenían algo nuevo en casa: dignidad, un televisor o una licuadora.

La violencia de ese día jamás será olvidada, la guerra que se desató dejó para siempre las calles bañadas de plasma.

Hugo Chávez, el presidente que nunca quiso ser

Imagen

Hugo Chávez, el presidente que nunca quiso ser.

En una oportunidad alguien me dijo “Parodiar a alguien de esa manera, solo es producto de una gran admiración”. Es cierto, luego de 14 años de observar, oir y vivir en un país gobernado por Hugo Chávez aprendí a admirarlo. Decir algo como esto no es tan fácil, porque quizás algunos opositores les cause escozor “ChavezOfficial es fan de Chávez, ¡Nojoda qué bolas!” dirán y también habrán  algunos chavistas qué pensarán“Este tipo está loco, ¿Cómo fue capaz de meterse con alguien amado por tantos y ahora decir que lo admira?”.  Muchas veces me tocó decirle a los más más radicales “Te sorprenderías saber lo que pienso de Chávez” y eso es lo que haré hoy aquí.

Nunca pude ser chavista, mi corazón y mi consciencia no me lo permitían. Sin embargo he tenido la oportunidad de conocer a personas como él. Líderes natos con personalidades increíbles,  capaces de lograr cosas casi milagrosas con tan solo la voluntad y yo sé que ese hombre es el tipo de hombre que era Chávez.

No pude ser Chavista

La cuenta  @ChavezOfficial nace de mi propia necesidad de transmitir lo que sentía, sin ningún plan en particular decidí darle voz en Twitter a mi sentido de humor mediante un personaje que se parece más a Chávez que mí mismo.

Desde 2009, esta cuenta se convirtió lentamente en un canal para darle un giro revelador a la verdad (Como yo la veía) y mostrar con humor lo que permanentemente me intranquilizaba de este gobierno.

Parodiar a Chávez era tarea sencilla, día no pasaba sin que el presidente hiciera algo escandaloso o ridículo, horas no pasaban sin que se generara un conflicto o un problema directamente relacionado con él o con su gobierno.

Y es que nunca pude ser Chavista, porque dentro de mí sabía que lo que había comenzado mal, no podía terminar de otra forma. En mí  siempre germinó la idea que Venezuela no necesita un hombre porque la gente se corrompe, que Venezuela necesita ideas, pero hasta  en eso también Chávez fue un genio.

Chávez le vendió a Venezuela una cautivante combinación de hombre-pan-ideología que barrió con el status quo instaurado de tal manera que aun luego de catorce años la oposición sigue sin una propuesta medianamente decente, buscándose sin encontrarse, escarbando en los recovecos de sus partidos la manera de conectarse sinceramente con la gente.

Pero la genialidad ideológica de Chávez no fue suficiente para mí, porque sospechaba que detrás de su discurso se ocultaba el hombre que luego revelaría en la Avenida Bolívar “Yo soy el único capaz de dirigir las riendas de este país en estos momentos”ese día fue cuando supe que Chávez se había convertido en un monstruo en la peor de sus expresiones.

El contenido ideológico-discursivo y retórico del Chavismo terminó por convencerme de que yo nunca podía unirme a sus filas, sus eternas contradicciones e inconsistencias eran escandalosas, e ingenuamente pensé que yo era el único que las veía y por eso nació esta cuenta.  En mi delirio pensaba “Quiero mostrarle a la gente lo que no ve. Quiero mostrarle a la gente que Chávez no es lo que dice ser”.

Y así fue como descubrí que había oídos que querían escuchar lo que tenía que decir; o mejor dicho, mentes que querían leer lo que yo pensaba.

Esta tarea nunca fue ni será derrocar al gobierno como algunos desaforados llegaron a insinuarlo, prometiéndome cárcel y muerte. No tenía ninguna otra pretensión que hablar con libertad y eso lo pude lograr, bajo ataques y amenazas los mismos que crearon nervios en mi hogar y que algunos compañeros con cuentas similares, que luego muertos de pánico cerraron sus arrobas y callaron sus mentes.

Lo bueno, lo malo, lo feo

Es así como llegamos a estos días. Los días del chavismo sin Chávez, días que fueron tabú y que lamentablemente el mismo presidente solo tuvo el coraje de mencionarlo el último día en el que fue visto con vida. El hombre que logró cambiar a la república se había ido y designó un candidato que será presidente con votos endosados, entumecido de tanto bajar la cabeza y con evidente incapacidad de calzar sus zapatos.

El hombre que rescató la cultura venezolana e impulsó la integración latinoamericana, se intentó labrar un camino ambicioso y lleno de equivocaciones. Hablamos del mismo hombre en el que bajo su gobierno murieron miles de personas como víctimas del crimen y en el que las riquezas nacionales fueron ferozmente diezmadas por países tan o más  agresivos que los Estados Unidos.

Chávez el presidente de hierro que protegió a los desposeídos mediante decenas de misiones pero que también  fue el presidente de teflón, resultando ser muy eficiente achacándoles la culpa a sus ministros y a otros gobiernos sobre cualquier cosa que le salía mal.

El presidente que hablaba solo con los que le sonreían, el que nunca tuvo la gallardía democrática de debatir y el que fue capaz de prolongar una guerra contra sectores del país por 14 años.

Hugo Chávez dejó cosas buenas, pero también dejó cosas malas, su pasó por Miraflores lo convirtió en un obsesionado por el control, un centralista consumado, que en diversas ocasiones manejó la nación como una hacienda.

Dejó tras de sí, una maquinaria ideológica descomunal capaz de hacer creer que llueve cuando en realidad hay sequía y sembró en las escuelas su propias páginas donde sin ningún pudor él se declaraba héroe.

Chávez  deja tras de el un sequito de ministros que solo sabían obedecerlo, un ejército frenético de leales y un pueblo convencido hasta sus entrañas de que es él lo mejor que ha ocurrido en este país.

Lo que más lamento es que Chávez: el sagaz hombre de pueblo, el que tuvo una conexión irrepetible con la gente y tuvo ingentes recursos mientras gobernó este país, no hizo gran cosa por arropar al país bajo un gobierno sólido. Sino que con determinación casi científica se aferró al poder de una manera que terminó por devorarlo.

El hombre de la “sabiduría popular” se quedó en eso y no preparó a su partido ni al país para su eventual ausencia, enquistándose de manera soberbia en todos los poderes públicos.

En los últimos días de su vida mi más profundo deseo era que aquel hombre tuviese el coraje de separarse del poder y no arrastrar al país a la agonía de su enfermedad. Me hubiese alegrado verlo mejorar y recuperarse sin las tensiones y las intrigas del gobierno, estoy seguro que el pueblo; en su nobleza infinita, hubiese aceptado un panorama así.

Hubiese querido que Chávez mostrara algo de bondad, a través de una ley de amnistía e invitar al país a un ambiente de concordia.

Muchas cosas hubiese querido de Chávez, pero aquellas cosas que nunca ocurrieron.

Lo que nunca ocurrió.

Chávez continuó siendo el mismo hombre del principio y a pesar de su popularidad, su discurso que luego se convertirían en actos, continuó siendo excluyente y abiertamente agresivo. El hombre fuerte de Venezuela no le bastó con tener el poder, sino que lo ejerció férreamente y de forma aplastante contra sus enemigos.

Un gobierno negado a la conciliación y donde  se estableció “Al enemigo con los pies”, el estilo de Chávez se permeó hasta el fondo de la sociedad y el desprecio entre clases sociales se instaló en el discurso de todos los ámbitos del gobierno y la sociedad.

Es así como Chávez a pesar de haber concentrado todo el poder y todas las riquezas, se negó gobernar con grandeza, su presidencia convertida en un inoperativo gigante solo pudo llegar a ser medianamente eficiente. Para la parte del país que estuvo olvidado por años, los mediocres logros eran grandes avances y las críticas fueron duramente acalladas.

Hugo Chávez un enamorado de la patria, tiene mi más sincera admiración. Su tenacidad y visión son tesoros que se consiguen en pocos seres humanos, estoy convencido que las personas a las que conoció y con las que trabajó de cerca las cambió para siempre. Probablemente esas mismas personas cuando lean esto no entiendan de nada de lo que aquí acabo de escribir.

Nicolás Maduro dijo que el alma de Chávez era demasiado grande para su cuerpo, pero esa misma alma no llegó  a ser tan grande como para arropar a toda Venezuela. Hugo Chávez pasó a la historia como un hombre que transformó la política Venezolana para siempre pero teniendo todos los recursos, las posibilidades, el tiempo y la pasión se negó con soberbia a ser el pacificador del país.

Arrastrado por el poder, su personalidad, el ego y la adulación, Chávez cerró los ojos para no ver cómo su presidencia progresivamente intoxicó a los venezolanos de odio. Pero, paradójicamente para entender su gobierno hay que abrirlos bien para comprender que Chávez se negó a ser el presidente que Venezuela merecía.

¡Adiós Esteban, hiciste historia!