Nuestros muertos

Hoy se cumple un mes de aquella manifestación que llegó hasta la Fiscalía General de República, la misma de los testigos forjados como Giovanni Vásquez de Armas, la misma de la extorsión a banqueros, la misma que tiene a más presos políticos que a verdaderos criminales procesados. La fiscalía que ya todos conocemos por sus desmanes y su compromiso con la injusticia y la suciedad que representa el tutelaje de los poderes públicos por la mano de un solo hombre.

Es ahí a donde culminaría esa marcha, pero donde comenzaría un nuevo episodio en la lucha venezolana por la democracia, un estallido que irrumpiría la miserable cotidianidad a la que han sometido a la gente a acostumbrarse.

Desde ese día hasta hoy ha muerto un venezolano casi todos los días, por incidentes directos o relacionados con los disturbios o con la represión.

Para algunos estos muertos se dividen gobierno y oposición, producto de un país enfrentando entre el Status Quo y la propuesta de una salida definitiva a este gobierno por la vía constitucional.

Dicen que hay un clima de “guerra civil”, y son cada vez más los videos que llegan de la brutal represión que han vivido los ciudadanos a lo largo de un mes que prueban que si no es se le parece bastante.

Civiles y militares han muerto por estas circunstancias, son cadáveres que se van apilando alrededor de nuestra existencia como país y nos muestra lo que realmente somos, una sociedad nutrida por la violencia y la anarquía que llevará años reconstituir.

Ya la muerte no parece gran cosa y es por eso que mientras unos enfrentan a la muerte en las calles, otros están desesperados para frenar la protesta para que el país “regrese a la calma”. ¿Cuál calma? me pregunto.

Como en las estación de radio “Radio Television Libre de las Mil Colinas” de Rwanda, los medios del estado han magnificado diariamente el mensaje de odio de una manera tal que en todo el país han salido grupos de exterminio a matar ciudadanos, parecería un exageración, pero los cadáveres están ahí; como testigos aún tibios, de un gobierno que los odió tanto hasta matarlos y que luego  duerme como bebé.

Dudo mucho que esta matanza se acabe pronto, porque no existe la voluntad de las autoridad en detener lo que ocurre. La policía, la GNB y paramilitares del PSUV, actúan en equipo lo que demuestra una profunda distorsión moral del país provocada con el propósito de someter con miedo al país.

El pronóstico de lo que está por ocurrir no es alentador, las pugnas que se dan en Venezuela están por encima del control de cualquiera, la intención del gobierno ha sido enfrentar a los venezolanos hasta convertirlos en enemigos, pero lo único que nos mantendrá unido como país es entender que no existen muertos de un bando y del otro como nos lo quiere hacer creer desde Miraflores.

Lo único que sé es que podremos resurgir nuevamente como un país digno mientras entendamos que cada muerto, que cada herido, que cada caído de este mes, es nuestro.

No los dejo sin antes decirle que lean mi artículo anterior sobre la violencia en Venezuela que tiene mucho que ver con lo que ocurre hoy en nuestras calles.

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