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En detrimento de Henrique (@hcapriles)

Hace un par de días una entrañable amiga escribió un artículo titulado “En Defensa de Henrique”, de ahí nace mi desesperada necesidad de responderle.

Comenzaré este texto de la misma manera que lo hizo ella, quien hizo campaña y votó por Capriles sin conocerlo. Y en mi modesta opinión eso fue prácticamente lo que hicimos todos, votamos por Capriles sin conocerlo.

Cuando digo que no lo conocemos, no pretendo decir que ignoramos el hecho de que el pobre hombre haya ido a la cárcel debido a la persecución del gobierno socialista del entonces vivo, Hugo Chávez. Ni tampoco quiero restar mérito a su gestión como alcalde y gobernador que por buenas razones habría sido reelecto en ambos cargos.

Cuando digo “No conocemos a Capriles” es porque empezamos (El país) a conocerlo cuando se lanzó a las primarias y apenas ahora que conocemos al amigo.

Así que me toca a mí decir lo que hace tiempo venía pensando y evité decir para no ser innecesariamente pesado, un saboteador del candidato. Las cosas que ahora escribiré no las dije porque Capriles era mi candidato y a los candidatos que como él se oponen a una maquinaria como la nicolasera, necesitan mucho apoyo. Pero estoy seguro este desgarro de sinceridad mío, será el espejo de muchos.

Luego de ganar las primarias, Henrique Capriles comenzó su recorrido por el país, su discurso en aquel momento era penoso al principio tanto que sentía vergüenza, inconsistente, frio, incómodo y hasta poco arraigado en la realidad. Pero el muchacho era un novato y como buen estudiante se fue puliendo hasta convertirse  en la persona que dio su discurso de cierre de campaña en la abarrotada Av Bolivar, que coronaría con la frase:

“Ustedes son los protagonistas de la historia” .

Aquella elección se mostró imposible y Hugo Chávez se quedaría con el poder sólo para morir con él entre sus brazos a los pocos meses.

Después de esa elección quedó demostrado quién era Capriles, fue ahí cuando empezó a desagradarme realmente la actitud acomodaticia de este hombre que se ganaría mi voto nuevamente en su segunda carrera por la presidencia.

Luego del triunfo sombrío de Hugo Chávez, Henrique Capriles me demostró que no estaba comprometido con el país todo y que la silla en Miranda era lo suyo.

IFY es aquí donde me pongo anecdótico, Durante una clase en un seminario de la universidad, un profesor del cual no recuerdo el nombre, ni el del taller tampoco, tocó un tema que jamás olvidaría (¿Irónico verdad?), En fin, el profesor que a su vez era psicoanalista nos habló sobre el liderazgo y la manera en que este se funde con la gente. Aquel profesor explicaba con detalle la conexión del líder con la psiquis de masas y por qué a un líder se le es permitido hacer cosas que el colectivo no era capaz o no se les permitía hacer. Decía  que los líderes son reflejo de sus pueblos y si ellos se atrevían a hacer ciertas cosas fuera de los paradigmas, la gente se sentiría identificada y aprobaría las acciones del líder –Yo no puedo hacerlo porque no me lo permiten,  pero es asombroso que tú sí – es decir el liderazgo no es sólo una guía sino un rol que la gente sigue, en ocasiones para atreverse a desafiar el status quo. El profesor cerró aquella idea que cambiaria mi vida para siempre con el ejemplo del legendario “Huele a azufre” de Chávez en las Naciones Unidas y la admiración que generó entre sus seguidores por atreverse a decir algo tan descabellado como eso en un lugar como ese.

En otras palabras, ese día comprendí lo qué era liderazgo más allá de Mandela, Bolívar o Walesa. Mucho más allá que Ghandi o Luther King. Comprendí que uno, como individuo es también parte del líder y por eso, y desde ese día aprendí a aceptar ser liderado sólo por gente que es capaz de hacer lo que yo haría en su lugar.

Concluida esta complicada anécdota que sólo ocurre en universidades como la UCV, regresamos a nuestro candidato, que derrotado fue a socorrerse a la Gobernación del Estado Miranda. Cuando la verdad era que había un candidato para ese cargo que había sido elegido por las bases (Carlos Ocariz) fue ahí cuando pensé

¿Este pana quiere ser un líder o está jugando a los scouts?

Hoy por hoy Capriles no debe estar viviendo una etapa sencilla y sufre las consecuencias de su propias decisiones, ha desaparecido de los medios porque permitió que esa fuese su única trinchera (permítaseme el vocabulario de guerra asimétrica), perdió la calle porque él mismo dijo que no la usáramos, en las redes sociales es una desgracia, porque utiliza su más importante herramienta de comunicación para atacar o peor para victimizarse.

Un buen amigo siempre me decía “Nunca llames estúpido  a un hombre hasta que haya demostrado que lo es”, y este es un caso emblemático,  La verdad es que mucha gente le ha dado la espalda a Henrique Capriles por no tener la madera que le permita conservar su liderazgo en el tiempo.

No dudo que Capriles tenga la preparación necesaria para ser un buen presidente de este país pero carece de la estamina para conservar el cargo, he escuchado en privado a muchos políticos avezados tildarlo de “Niño” y es precisamente porque ha demostrado serlo.

Venezuela es un país diferente y se va transformando cada día, y uno debe estar a la altura de las circunstancias. Mi amiga (La que defiende a Capriles) dice que es mucho más fácil criticarlo desde atrás de un teclado. Pero yo le digo a ella y todos los que aún lo defienden  ¿No fue él el que decidió querer ser el líder?.

El liderazgo no es un juego de niños y menos en un país como este. El liderazgo no es aprender un discurso o ir a unas elecciones una y otra vez, a ver “si la pego de leche”.

ministra-delcy-21_0A principios de año la Ministra más bonita que se haya cosechado, Delcy Rodriguez informaba que los políticos venezolanos de “La derecha” habían recibido el 2014 fuera del país, en la infausta lista estaba Henrique Capriles y yo me decía, recordando mi clase allá en un aulita de FACES “¿Esto es lo que yo haría como líder?.

La entrega por una causa es en cuerpo y alma, sea cual sea. Yo soy solo un elector que mira y juzga duramente a todo político que se me cruza por al frente. No sé si seré un “Twitternator”, si me escondo detrás de un teclado, no sé si soy un dinosaurio o un Ucraniano frustrado en la calles de Caracas.

Pero si les puedo escribir de lo que sí sé, de lo que me dice mi consciencia y vibra en mis huesos, El venezolano que quiera entrar a Miraflores en nombre de la oposición debe saber que no es como comprar un boleto del metro y pasar por un torniquete. El que quiera entrar a Miraflores para ser presidente de una nueva Venezuela tiene que tener el corazón y alma comprometida con este país, tiene que estar dispuesto a morir si es necesario pero por sobre todo debe amar irracionalmente esta tierra y a su gente con locura.

El que quiera conquistar esta patria por encima de las que ya la dominan tiene que entregarse sin vacaciones y sorprendernos con cosas insólitas, adueñarse de la bandera por la libertad y la justicia y sacrificarse plenamente por hacerlas valer.

No hablo de un hombre que busque seguidores que apoyen su causa, sino un hombre que sepa que esa causa es la correcta y luche por ella así este totalmente sólo.

No hablo de un caudillo, hablo de un hombre como cualquiera pero que esté realmente dispuesto a ser y a hacer el cambio.

Mucha gente aún confía en Henrique y en la “Perfección del tiempo de Dios” yo soy más pragmático al respecto y estoy seguro que Henrique Capriles nunca se convertirá en el presidente de la República de Venezuela.