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Diálogo no tan santo

Después de una cuaresma en los que cientos de manifestantes se han sacrificado penitentemente y con mucho dolor en las calles para salvar a Venezuela, llega el diálogo ¿o la crucifixión?

Muchos –incluyéndome- nos opusimos u “oponimos” –Según sea su nivel de madurismo- a esa reunioncilla de cúpulas en Miraflores. Pero no porque somos unos cavernícolas radicales “disociados y doños” como les encanta a los opositores llamar a otros opositores, sino porque las condiciones para dialogar no estaban, ni están optimas como para ir a sentarse con el gobierno de Nicolás Maduro.

Soy católico infrecuente y creyente sólo en emergencias –Como muchos de los que leen ahora-, así que discúlpenme los ortodoxos, pero haré un ejercicio sencillo de tratar de explicar todo lo ocurrido en Venezuela, usando un poco de cristianismo y análisis, ayudándome sólo en que todo lo ocurrido se ha desatado dentro de los días previos de la Semana Mayor.

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Imagen de Cristo en una barricada tomada antes de escribir este artículo

Comienza la Semana Santa, la última que viviría Jesús de Nazareth entre nosotros, un hombre como ningún otro y a su vez una amenaza como ninguna otra. En su época un total alborotador y visionario; una amenaza al status quo. Según la biblia, desafiando a las autoridades y mercaderes, Jesus logró abrirse paso hasta incomodar a los mismísimos romanos que como buenos imperialistas “se lavaron las manos”.

Jesús, consiente de su destino nunca negoció su salvación pero si hubo negocios alrededor de su muerte. Unos negociaron su cabeza por 30 de monedas de plata, que con la inflación de Israel de la época sólo provocaría el suicidio. Otros por tradición de Pascua, ofrecieron una “Ley de amnistía” por “votación popular” entre un hampón como Barrabás y de un “Guarimbero” como Jesús y ustedes ya saben a quién eligió la comunidad.

Sin querer ser catequista, las coincidencias son interesantes. El diálogo en Venezuela está signado por la crucifixión de los penitentes, el objetivo de los opositores asistentes parecía más bien motivado por la urgencia de hablar por primera vez en cadena nacional que encontrar la solución definitiva a los problemas de Venezuela.

Maduro quién hace días no sabía qué hacer con un país alborotado, quien ordenó la represión y extinción de candelitas –homicidio- opositoras logró sentar a “los representantes” de la oposición donde él quería y bajo los términos que él deseaba.

“Los representantes” de la oposición quienes dieron la espalda a la protesta fueron los invitados para hablar en nombre de los protestaban, no había otra cosa tan desigual en este mundo desde la negociación que hizo Judas.

Venezuela ha tenido que pagar un alto precio por desafiar a este gobierno, mucho ha sido el sacrificio por un país mejor –y nunca será demasiado- pero la traición es la más duras de las muertes.

Yo, como muchos otros venezolanos hubiésemos estado felices en llegar a una conversación de paz con Nicolás Maduro, pero con términos firmes y propuestas sólidas que debían cumplirse inclusive antes de un show televisado.

Muchos en este país estamos claros de que el gobierno de Venezuela es tan barbárico como los mismos que azotaron y torturaron a Jesus hasta acabar con su cuerpo.  Aquí en nuestras calles, los que se han atrevido a protestar han sufrido su calvario de torturas, electricidad, golpes, humillaciones, barbarie y muerte.

No hay ninguna mesa en la que se puedan sentar donde se puedan ocultar las atrocidades cometidas en Venezuela y la marca profunda que han dejado en nuestra mente, como las que dejó el Flagrum o lanza que Longino en el cuerpo de nuestro redentor.

El rescate que se le dio a este gobierno, como el que se le dio a Barrabás no pasará a la historia como un incidente aislado o insignificante, sino como la muestra televisada que la oposición de verdad es la que está firme en la calle domingo a domingo, dispuesta a sacrificar lo necesario por el bien de los demás.

Muchos de los que creen que hay que dialogar “porque sí”, porque el  diálogo es santo y condenan a los críticos como herejes, son los Saduceos y Fariseos de esta era. Porque insisten en hacer las cosas como ellos –En su autoproclamada civilidad- prefieren y no la justicia lo requiere.

Como escribí al principio, Jesús no negoció porque tenía claro su propósito entre nosotros, en su último aliento sabemos que él se sintió abandonado, ahí solo en el Gólgota donde expiró su último aliento.

No sé cuáles han sido las puertas que se han abierto -o abrido según sea su nivel de madurismo- luego de ese conversatorio en Miraflores, pero sí sé cuáles se han cerrado. Nicolás Maduro ha sido claro en preferir la venganza que el perdón y Diosdado –El Caifás de esta historia- no muestra la más mínima intención de querer el encuentro.

Discúlpenme los más religiosos si profané en algún modo la historia de Cristo al compararla con lo que aquí pasa, es sólo la analogía irresistible de un hereje político que cree que en la verdad y que por ella murió Cristo, pero que por fortuna de nosotros, resucitó al tercer día.

Que no nos falte la fe, porque Dios no nos ha abandonado.