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Hugo Chávez, el presidente que nunca quiso ser

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Hugo Chávez, el presidente que nunca quiso ser.

En una oportunidad alguien me dijo “Parodiar a alguien de esa manera, solo es producto de una gran admiración”. Es cierto, luego de 14 años de observar, oir y vivir en un país gobernado por Hugo Chávez aprendí a admirarlo. Decir algo como esto no es tan fácil, porque quizás algunos opositores les cause escozor “ChavezOfficial es fan de Chávez, ¡Nojoda qué bolas!” dirán y también habrán  algunos chavistas qué pensarán“Este tipo está loco, ¿Cómo fue capaz de meterse con alguien amado por tantos y ahora decir que lo admira?”.  Muchas veces me tocó decirle a los más más radicales “Te sorprenderías saber lo que pienso de Chávez” y eso es lo que haré hoy aquí.

Nunca pude ser chavista, mi corazón y mi consciencia no me lo permitían. Sin embargo he tenido la oportunidad de conocer a personas como él. Líderes natos con personalidades increíbles,  capaces de lograr cosas casi milagrosas con tan solo la voluntad y yo sé que ese hombre es el tipo de hombre que era Chávez.

No pude ser Chavista

La cuenta  @ChavezOfficial nace de mi propia necesidad de transmitir lo que sentía, sin ningún plan en particular decidí darle voz en Twitter a mi sentido de humor mediante un personaje que se parece más a Chávez que mí mismo.

Desde 2009, esta cuenta se convirtió lentamente en un canal para darle un giro revelador a la verdad (Como yo la veía) y mostrar con humor lo que permanentemente me intranquilizaba de este gobierno.

Parodiar a Chávez era tarea sencilla, día no pasaba sin que el presidente hiciera algo escandaloso o ridículo, horas no pasaban sin que se generara un conflicto o un problema directamente relacionado con él o con su gobierno.

Y es que nunca pude ser Chavista, porque dentro de mí sabía que lo que había comenzado mal, no podía terminar de otra forma. En mí  siempre germinó la idea que Venezuela no necesita un hombre porque la gente se corrompe, que Venezuela necesita ideas, pero hasta  en eso también Chávez fue un genio.

Chávez le vendió a Venezuela una cautivante combinación de hombre-pan-ideología que barrió con el status quo instaurado de tal manera que aun luego de catorce años la oposición sigue sin una propuesta medianamente decente, buscándose sin encontrarse, escarbando en los recovecos de sus partidos la manera de conectarse sinceramente con la gente.

Pero la genialidad ideológica de Chávez no fue suficiente para mí, porque sospechaba que detrás de su discurso se ocultaba el hombre que luego revelaría en la Avenida Bolívar “Yo soy el único capaz de dirigir las riendas de este país en estos momentos”ese día fue cuando supe que Chávez se había convertido en un monstruo en la peor de sus expresiones.

El contenido ideológico-discursivo y retórico del Chavismo terminó por convencerme de que yo nunca podía unirme a sus filas, sus eternas contradicciones e inconsistencias eran escandalosas, e ingenuamente pensé que yo era el único que las veía y por eso nació esta cuenta.  En mi delirio pensaba “Quiero mostrarle a la gente lo que no ve. Quiero mostrarle a la gente que Chávez no es lo que dice ser”.

Y así fue como descubrí que había oídos que querían escuchar lo que tenía que decir; o mejor dicho, mentes que querían leer lo que yo pensaba.

Esta tarea nunca fue ni será derrocar al gobierno como algunos desaforados llegaron a insinuarlo, prometiéndome cárcel y muerte. No tenía ninguna otra pretensión que hablar con libertad y eso lo pude lograr, bajo ataques y amenazas los mismos que crearon nervios en mi hogar y que algunos compañeros con cuentas similares, que luego muertos de pánico cerraron sus arrobas y callaron sus mentes.

Lo bueno, lo malo, lo feo

Es así como llegamos a estos días. Los días del chavismo sin Chávez, días que fueron tabú y que lamentablemente el mismo presidente solo tuvo el coraje de mencionarlo el último día en el que fue visto con vida. El hombre que logró cambiar a la república se había ido y designó un candidato que será presidente con votos endosados, entumecido de tanto bajar la cabeza y con evidente incapacidad de calzar sus zapatos.

El hombre que rescató la cultura venezolana e impulsó la integración latinoamericana, se intentó labrar un camino ambicioso y lleno de equivocaciones. Hablamos del mismo hombre en el que bajo su gobierno murieron miles de personas como víctimas del crimen y en el que las riquezas nacionales fueron ferozmente diezmadas por países tan o más  agresivos que los Estados Unidos.

Chávez el presidente de hierro que protegió a los desposeídos mediante decenas de misiones pero que también  fue el presidente de teflón, resultando ser muy eficiente achacándoles la culpa a sus ministros y a otros gobiernos sobre cualquier cosa que le salía mal.

El presidente que hablaba solo con los que le sonreían, el que nunca tuvo la gallardía democrática de debatir y el que fue capaz de prolongar una guerra contra sectores del país por 14 años.

Hugo Chávez dejó cosas buenas, pero también dejó cosas malas, su pasó por Miraflores lo convirtió en un obsesionado por el control, un centralista consumado, que en diversas ocasiones manejó la nación como una hacienda.

Dejó tras de sí, una maquinaria ideológica descomunal capaz de hacer creer que llueve cuando en realidad hay sequía y sembró en las escuelas su propias páginas donde sin ningún pudor él se declaraba héroe.

Chávez  deja tras de el un sequito de ministros que solo sabían obedecerlo, un ejército frenético de leales y un pueblo convencido hasta sus entrañas de que es él lo mejor que ha ocurrido en este país.

Lo que más lamento es que Chávez: el sagaz hombre de pueblo, el que tuvo una conexión irrepetible con la gente y tuvo ingentes recursos mientras gobernó este país, no hizo gran cosa por arropar al país bajo un gobierno sólido. Sino que con determinación casi científica se aferró al poder de una manera que terminó por devorarlo.

El hombre de la “sabiduría popular” se quedó en eso y no preparó a su partido ni al país para su eventual ausencia, enquistándose de manera soberbia en todos los poderes públicos.

En los últimos días de su vida mi más profundo deseo era que aquel hombre tuviese el coraje de separarse del poder y no arrastrar al país a la agonía de su enfermedad. Me hubiese alegrado verlo mejorar y recuperarse sin las tensiones y las intrigas del gobierno, estoy seguro que el pueblo; en su nobleza infinita, hubiese aceptado un panorama así.

Hubiese querido que Chávez mostrara algo de bondad, a través de una ley de amnistía e invitar al país a un ambiente de concordia.

Muchas cosas hubiese querido de Chávez, pero aquellas cosas que nunca ocurrieron.

Lo que nunca ocurrió.

Chávez continuó siendo el mismo hombre del principio y a pesar de su popularidad, su discurso que luego se convertirían en actos, continuó siendo excluyente y abiertamente agresivo. El hombre fuerte de Venezuela no le bastó con tener el poder, sino que lo ejerció férreamente y de forma aplastante contra sus enemigos.

Un gobierno negado a la conciliación y donde  se estableció “Al enemigo con los pies”, el estilo de Chávez se permeó hasta el fondo de la sociedad y el desprecio entre clases sociales se instaló en el discurso de todos los ámbitos del gobierno y la sociedad.

Es así como Chávez a pesar de haber concentrado todo el poder y todas las riquezas, se negó gobernar con grandeza, su presidencia convertida en un inoperativo gigante solo pudo llegar a ser medianamente eficiente. Para la parte del país que estuvo olvidado por años, los mediocres logros eran grandes avances y las críticas fueron duramente acalladas.

Hugo Chávez un enamorado de la patria, tiene mi más sincera admiración. Su tenacidad y visión son tesoros que se consiguen en pocos seres humanos, estoy convencido que las personas a las que conoció y con las que trabajó de cerca las cambió para siempre. Probablemente esas mismas personas cuando lean esto no entiendan de nada de lo que aquí acabo de escribir.

Nicolás Maduro dijo que el alma de Chávez era demasiado grande para su cuerpo, pero esa misma alma no llegó  a ser tan grande como para arropar a toda Venezuela. Hugo Chávez pasó a la historia como un hombre que transformó la política Venezolana para siempre pero teniendo todos los recursos, las posibilidades, el tiempo y la pasión se negó con soberbia a ser el pacificador del país.

Arrastrado por el poder, su personalidad, el ego y la adulación, Chávez cerró los ojos para no ver cómo su presidencia progresivamente intoxicó a los venezolanos de odio. Pero, paradójicamente para entender su gobierno hay que abrirlos bien para comprender que Chávez se negó a ser el presidente que Venezuela merecía.

¡Adiós Esteban, hiciste historia!